Caléndula o Maravilla y Cera de abeja

Parece poca cosa, pero esto es cera de abeja después de haberla limpiado bien y convertido en algo más manipulable:




Con esa cera preparé un bálsamo utilizando un oleato de caléndula (Calendula officinalis L.) y cáscara de naranja dulce (Citrus × sinensis (L.) Osbeck) en aceite de oliva virgen extra, al que añadí aceite de coco, aceite de neem (Azadirachta indica A.Juss.) y unas gotas de aceites esenciales de naranja dulce y canela de Ceilán (Cinnamomum verum J.Presl.).




Bálsamo de Caléndula y Naranja

Me encanta que en algunos lugares la llamen Maravilla, porque yo siempre la he conocido como Caléndula y, si soy sincera, como flor nunca me ha parecido especialmente bonita. Para mí siempre ha sido una especie de "margarita rastrera" que, si la dejas a su aire, acaba colonizando medio jardín. Además, su aroma tampoco está entre mis favoritos y, desde luego, no es la primera flor que elegiría para hacer un ramo.

Pero las plantas tienen la mala costumbre de demostrar que la belleza no siempre está en los pétalos.

Aquí donde la ves, con sus flores amarillas o anaranjadas, la caléndula (Calendula officinalis L.) es una de las plantas más apreciadas en cosmética y fitoterapia tradicional. Se ha utilizado durante siglos para el cuidado de pequeñas quemaduras, picaduras de insectos, pieles sensibles o con tendencia atópica y pequeñas irritaciones cutáneas.

Tradicionalmente se le atribuyen propiedades antiinflamatorias, calmantes, emolientes, cicatrizantes y antisépticas, motivo por el que es habitual encontrarla formando parte de cremas, bálsamos, oleatos y jabones artesanales.

A menudo se compara con el árnica (Arnica montana L.), ya que ambas plantas se emplean tradicionalmente para ayudar a aliviar procesos inflamatorios y favorecer la recuperación de la piel. Sin embargo, conviene recordar que no son intercambiables: el árnica se utiliza principalmente para golpes y contusiones sobre piel intacta, mientras que la caléndula destaca especialmente por su uso en el cuidado de pieles irritadas, sensibles o con pequeñas lesiones superficiales.

Quizá no sea la flor más vistosa del jardín... pero pocas plantas se han ganado con tanto mérito el nombre de Maravilla.

 

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