Un nutritivo facial muy sencillo... y muy eficaz
Ayer alguien me pidió "un algo" nutritivo para aplicarse por la noche en el rostro.
No siempre hace falta una fórmula complicada. A veces, unos pocos ingredientes bien elegidos son más que suficientes.
En este caso preparé una mezcla de:
- Manteca de karité.
- Oleato de caléndula en aceite de coco fraccionado, para darle una textura más cremosa y facilitar su aplicación.
- Unas gotas de aceite esencial de siempreviva (Helichrysum italicum).
- Tocoferol (vitamina E), para ayudar a retrasar la oxidación de los aceites y prolongar la vida útil del preparado.
En esta ocasión utilicé manteca de karité desodorizada porque es la que tenía disponible. Personalmente prefiero la manteca sin refinar, ya que conserva mejor una mayor cantidad de sus componentes naturales, aunque muchas personas prefieren la desodorizada por su aroma más suave.
¿Qué aporta la manteca de karité?
La manteca de karité (Vitellaria paradoxa, sinónimo Butyrospermum parkii) es una de las grasas vegetales más apreciadas en cosmética natural.
Bajo potencial comedogénico
La manteca de karité suele tolerarse bien en la mayoría de los tipos de piel y presenta un bajo riesgo de obstruir los poros, aunque la respuesta siempre depende de las características individuales de cada persona.
Rica en ácidos grasos
Su composición puede variar según el origen, pero está formada principalmente por:
- Ácido oleico.
- Ácido esteárico.
- Ácido linoleico.
- Pequeñas cantidades de ácidos palmítico, araquídico y otros.
Estos ácidos grasos ayudan a reforzar la barrera cutánea, aportan elasticidad y reducen la pérdida de agua de la piel.
Contiene vitaminas de forma natural
La manteca de karité sin refinar contiene pequeñas cantidades de vitaminas A y E, además de otros compuestos antioxidantes.
Sin embargo, parte de estos componentes se pierde durante el refinado y también cuando la manteca se calienta para elaborar un cosmético.
Por este motivo es habitual añadir vitamina E (tocoferol) a las fórmulas. Su función principal no es nutrir la piel, sino retrasar la oxidación de los aceites y mantecas, ayudando a conservar el producto durante más tiempo.
¿Hidrata la piel?
Aquí conviene aclarar un concepto que suele generar confusión.
Los aceites y las mantecas no hidratan por sí mismos, porque no aportan agua.
La hidratación depende del contenido de agua de la piel. Los lípidos, como los aceites y las mantecas, ayudan a reducir la pérdida de esa agua formando una película protectora sobre la superficie cutánea y reforzando el manto hidrolipídico.
Por eso son especialmente útiles en pieles secas, maduras o con tendencia a la deshidratación.
Una fórmula sencilla, pero bien pensada
No todos los cosméticos necesitan una lista interminable de ingredientes. Cuando se conocen bien las materias primas y se seleccionan con criterio, una fórmula sencilla puede ofrecer excelentes resultados.
En cosmética natural, muchas veces la calidad de los ingredientes es más importante que la cantidad.
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