Jabón de Castilla... o casi
Pues sí, un jabón de los sencillos... aunque quizá no lo sea tanto.
Hacía tiempo que echaba de menos ese tipo de jabón de espuma discreta, cremosa y con esa característica sensación resbaladiza que deja sobre la piel mientras se utiliza.
La base de la fórmula es muy simple: agua termal, aceite de oliva virgen e hidróxido de sodio.
Bueno... mayormente.
Como intento aprovechar todos los oleatos y plantas que preparo durante el año, esta vez he introducido algunos pequeños cambios.
He utilizado oleatos de cedro y ciprés en aceite de oliva virgen, y también he querido dar una segunda vida a varias plantas secas utilizándolas como colorantes naturales.
Los tonos de estos jabones proceden de:
- Ortiga (Urtica dioica).
- Melisa (Melissa officinalis).
- Cúrcuma (Curcuma longa).
- Carbón de bambú.
Cada grupo de jabones tiene además su propia personalidad.
Los de la izquierda incorporan una infusión de romero en el agua de la lejía y aceite esencial de romero.
Los del centro los he dejado sin perfume. Me gusta mucho el aroma limpio y natural que desarrolla un jabón elaborado casi exclusivamente con aceite de oliva.
Los de la derecha llevan aceite esencial de lima, que aporta un toque fresco y cítrico.
Aprovechar lo que nos ofrece la naturaleza
Una de las cosas más bonitas de la jabonería artesanal es que basta un paseo por el campo para encontrar plantas que pueden formar parte de nuestras elaboraciones.
Eso sí... también he aprendido una lección.
Es muy fácil dejarse llevar y recoger más plantas de las que realmente vamos a utilizar.
Yo soy especialista en eso.
Con el tiempo uno descubre que es mejor preparar pequeñas cantidades de oleatos, utilizarlas y volver a elaborar cuando sea necesario. Las plantas conservan mejor sus propiedades y evitamos acumular materias primas durante años.
Ahora toca esperar
Como ocurre con los jabones ricos en aceite de oliva, la paciencia es un ingrediente más de la receta.
Aunque podrán utilizarse mucho antes, mi intención es dejarlos curar al menos seis meses.
Durante ese tiempo perderán agua poco a poco, aumentarán su dureza y ofrecerán una espuma más estable y una sensación más agradable durante el lavado.
Después de tantos años haciendo jabón sigo pensando que una de las mejores herramientas del jabonero no es una batidora... sino la paciencia.
Una pequeña aclaración
Aunque muchas veces llamamos a este tipo de elaboraciones "jabón de Castilla", el término tradicional se reserva para los jabones elaborados exclusivamente con aceite de oliva. En este caso sería más correcto hablar de un jabón de oliva enriquecido con oleatos vegetales, ya que los oleatos de cedro y ciprés siguen teniendo como base aceite de oliva y no modifican la naturaleza de la fórmula, sino que incorporan los compuestos liposolubles extraídos de esas plantas.

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