Jabón de mango: una edición especial
Hace un par de semanas recibí un regalo muy especial: una caja de fruta con papayas, mangos y aguacates.
¿Y qué fue lo primero que pensé? Pues sí... en hacer jabón.
Aunque ya he experimentado bastante con frutas en cosmética, decidí aprovechar uno de los mangos para preparar una pequeña edición especial de Navidad.
La fórmula lleva aceite de oliva virgen, aceite de coco virgen, aceite de aguacate virgen, aceite de ricino y manteca de mango. Además, añadí un 5 % de pulpa de mango fresco, previamente triturada y escurrida para eliminar parte del jugo.
¿Por qué solo un 5 %? Porque la fruta fresca aporta agua, azúcares y otros compuestos vegetales. Si no se tiene en cuenta esa agua adicional, el jabón puede tardar más en endurecer y alcanzar temperaturas más elevadas durante la saponificación. Al retirar parte del jugo consigo reducir ese aporte de agua y concentrar algo más la pulpa.
Como siempre digo entre risas, cuando hago algo nuevo son mis "ediciones especiales": pequeños experimentos con los que intento aprender algo en cada elaboración.
En esta ocasión también he querido jugar con los colores. Utilicé óxidos negro y amarillo, cúrcuma y pequeñas cantidades de micas verde claro y naranja, preparando cuatro mezclas diferentes: una para la parte verde y tres para conseguir distintos tonos anaranjados.
Mi idea era obtener un naranja mucho más intenso, aunque durante la saponificación el color aclaró bastante más de lo que esperaba. Son esas pequeñas sorpresas que forman parte de la fabricación artesanal y que hacen que nunca dos lotes sean exactamente iguales.
Para conseguir el diseño utilicé separadores. La parte verde espesó muy deprisa, probablemente porque esa mezcla había avanzado más en la traza y por el comportamiento de los pigmentos utilizados. Pulvericé un poco de alcohol entre las capas para favorecer su unión y ayudar a evitar la aparición de ceniza superficial.
Después dejé el molde destapado para intentar evitar una gelificación completa y conservar unos tonos más suaves en la parte naranja. La fase de gel modifica ligeramente el aspecto final del jabón y, en ocasiones, también la intensidad de los colores.
Un experimento con fecha de seguimiento
Este jabón también forma parte de una prueba.
No he añadido antioxidantes y contiene una pequeña cantidad de pulpa de mango fresca, por lo que tengo mucha curiosidad por observar cómo evoluciona con el paso de los meses.
Existe un mayor riesgo de que aparezca enranciamiento (las conocidas DOS, Dreaded Orange Spots) que en una fórmula elaborada únicamente con aceites y mantecas, aunque este fenómeno depende de muchos factores: la calidad y estabilidad de los aceites utilizados, la presencia de metales, las condiciones de almacenamiento, la humedad o la propia formulación. La ausencia de una gelificación completa, por sí sola, no provoca el enranciamiento.
Precisamente eso es lo que quiero observar. A veces un experimento no consiste en conseguir el jabón perfecto, sino en entender cómo envejece una fórmula y qué se puede mejorar en la siguiente elaboración.
Al fin y al cabo, así es como se aprende a formular: probando, observando, tomando notas... y, de vez en cuando, llevándose alguna sorpresa.
Nota
Aunque el mango aporta compuestos interesantes para la piel, en un jabón elaborado por saponificación no debemos esperar que conserve todas las propiedades de la fruta fresca. El elevado pH del jabón y la propia reacción química modifican muchos de sus componentes. En este tipo de formulaciones, la pulpa se utiliza principalmente por el interés de experimentar con ingredientes naturales y por las características que puede aportar al proceso de elaboración y al aspecto final del jabón.
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