Jabón de coco y karité: cuando los experimentos toman su propio camino
Este jabón está elaborado con un 50 % de aceite de coco y un 50 % de manteca de karité, perfumado con una fragancia de frutas del bosque de Mi Cosmética Casera.
Cuando terminamos un jabón solemos decir que ha salido bien, mal o regular. En este caso no sé muy bien dónde colocarlo.
No ha salido mal... aunque parte de lo que podría estropearlo se lo he hecho yo a propósito.
Quería comprobar cómo se comportaban tres colorantes naturales en un jabón elaborado por saponificación y decidí utilizar:
- Raíz de alcaneta (Alkanna tinctoria), para obtener tonos violáceos.
- Cochinilla (Dactylopius coccus), buscando un rojo intenso.
- Índigo (Indigofera tinctoria), para conseguir tonos azules.
Mi intuición me dice que alguno de ellos puede terminar destiñendo durante el uso, perder intensidad o cambiar de color con el paso del tiempo. No sería la primera vez que mi intuición se equivoca, así que tocará esperar y observar cómo evolucionan.
Al fin y al cabo, esa es una parte importante de la jabonería artesanal: experimentar, observar y aprender.
La fórmula base pertenece al blog de Iñaki Peña, cuyas recetas siempre me han dado muy buenos resultados. Así que, si este jabón acaba dando algún problema, casi con toda seguridad la responsabilidad será de mis experimentos con los colorantes y no de la fórmula.
El plan... y lo que terminó ocurriendo
La idea inicial era elaborar un jabón inspirado en los colores de los frutos del bosque.
Tenía pensada una técnica decorativa bastante diferente, pero las cosas no siempre salen como uno las imagina.
Mientras estaba vertiendo la masa me di cuenta de que había olvidado añadir la fragancia.
No había muchas opciones: añadí la fragancia a la parte de masa que aún no estaba coloreada y tuve que remover rápidamente para incorporarla.
Como era de esperar, aquella maniobra improvisada mezcló parte de los colores y el diseño cambió por completo.
Los cuatro tonos —el color natural del jabón, el violeta de la alcaneta, el rojo de la cochinilla y el azul del índigo— acabaron formando un marmolado dominado por un inesperado color rosa fucsia.
No era lo que había imaginado... pero tampoco me disgusta.
Lo bonito de hacer jabón
Con el tiempo he aprendido que algunas de las mejores piezas nacen precisamente de los errores.
Las técnicas más complicadas rara vez salen perfectas al primer intento y, sinceramente, tampoco me preocupa demasiado.
Cada lote enseña algo nuevo.
Y, si además el jabón resulta agradable de usar, el experimento ya habrá merecido la pena.
Nota técnica
Los colorantes naturales pueden comportarse de forma muy distinta en un jabón elaborado por saponificación en frío. El elevado pH del jabón y la propia reacción de saponificación pueden modificar su color. Algunos pierden intensidad, otros viran hacia tonos diferentes y otros incluso pueden desteñir durante el uso. Precisamente por eso me gusta probarlos y observar cómo evolucionan con el paso del tiempo.
Una aclaración importante
Una de las cosas más bonitas de la jabonería artesanal es que permite experimentar.
Podemos jugar con los colores, utilizar distintas técnicas de vertido, trabajar con moldes, variar las temperaturas de elaboración o conseguir acabados muy diferentes. Todo eso forma parte del proceso creativo.
Sin embargo, hay una parte de la formulación con la que no se puede improvisar.
La proporción entre aceites y grasas, el líquido y el hidróxido de sodio (NaOH) debe calcularse siempre con precisión.
Cada aceite o grasa tiene un índice de saponificación (SAP) diferente. Este índice indica la cantidad de hidróxido de sodio necesaria para saponificar completamente una cantidad determinada de ese aceite o grasa. Por eso, cuando se modifica una receta no basta con sustituir un aceite por otro en la misma proporción: es imprescindible recalcular toda la fórmula utilizando una calculadora de saponificación.
Si ese cálculo no se realiza correctamente, el resultado puede ser un jabón con exceso de sosa libre, demasiado alcalino e irritante para la piel, o un jabón con un exceso de grasas, más blando, con menor capacidad de limpieza o con una vida útil más corta. También pueden verse afectadas otras características, como la dureza, la cantidad y estabilidad de la espuma o el tiempo de curado.
Es importante recordar que el pH de un jabón sólido obtenido por saponificación siempre será alcalino, normalmente entre 9 y 10,5, incluso cuando la reacción se ha completado correctamente y el jabón es seguro para su uso.
No es posible fabricar un jabón sólido obtenido por saponificación con un pH similar al de la piel (alrededor de 5,5). Si se acidificara hasta ese valor, dejaría de ser jabón, ya que las sales sódicas de los ácidos grasos volverían a convertirse en ácidos grasos libres. Los productos de limpieza con un pH próximo al de la piel son syndets (detergentes sintéticos) o formulaciones basadas en tensioactivos, no jabones obtenidos por saponificación.
Por eso, aunque podamos dejar volar la imaginación con los colores, los aromas, las formas o las técnicas decorativas, la formulación siempre debe respetar la química de la saponificación. La creatividad tiene un espacio enorme en la jabonería artesanal, pero la seguridad, la calidad y el buen comportamiento del jabón dependen, ante todo, de unos cálculos correctos.
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