Jabón de/con Aloe Vera
Bueno, hoy… después de… mejor no miro cuánto tiempo ha pasado desde la última publicación, retomo el mando de este cuaderno para compartir algo que me han pedido en varias ocasiones: cómo elaborar un jabón con aloe vera.
No voy a publicar una receta concreta porque cada formulación puede adaptarse a las necesidades de quien la prepara, pero sí quiero explicar qué tiene de especial este tipo de jabón y qué aspectos conviene tener en cuenta antes de ponerse manos a la obra.
La razón es sencilla. No es una de las elaboraciones más fáciles y, además, aquí en el blog ya tengo un par de publicaciones que servirán de apoyo para quien quiera profundizar un poco más en el proceso.
Cuando hablamos de un jabón elaborado por saponificación solemos pensar en una fórmula formada por aceites, agua e hidróxido de sodio. En este caso, sin embargo, la diferencia está en que el agua se sustituye por completo por jugo o gel de aloe vera, lo que obliga a tomar algunas precauciones adicionales durante la elaboración y modifica ligeramente la forma de trabajar.
Aclaraciones:
1. Aloe vera, clasificación botánica
- Nombre científico: Aloe vera (L.) Burm.f.
- Sinónimo botánico ampliamente utilizado: Aloe barbadensis Mill.
- Familia: Asphodelaceae (subfamilia Asphodeloideae)
- Género: Aloe
¿Aloe vera o Aloe barbadensis?
Durante muchos años se utilizó el nombre Aloe barbadensis Mill., y todavía aparece en numerosos libros, etiquetas cosméticas y publicaciones. Sin embargo, según las bases de datos taxonómicas actuales (como Plants of the World Online del Real Jardín Botánico de Kew y World Flora Online), el nombre aceptado es:
Aloe vera (L.) Burm.f.
mientras que Aloe barbadensis Mill. se considera un sinónimo.
2. ¿Qué entendemos por "jabón de aloe vera"?
Hoy en día es fácil encontrar jabones que se anuncian como "de aloe vera", pero no todos contienen aloe de la misma manera ni el proceso de elaboración es el mismo. Bajo ese nombre pueden esconderse productos muy diferentes.
I. Jabón de glicerina (Melt & Pour)
Es probablemente el más habitual en tiendas de manualidades.
Se parte de una base de jabón ya fabricada normalmente (también se puede hacer en casa), que se funde al baño María o en el microondas y a la que se añaden colorantes, fragancias y pequeñas cantidades de aloe vera, normalmente en forma de gel, extracto o polvo.
En este caso no existe saponificación, ya que el jabón ya está elaborado. Simplemente se personaliza una base comercial.
Es la opción más sencilla y segura para quien empieza.
II. Jabón saponificado con aloe como aditivo
En este caso sí se elabora un jabón mediante saponificación utilizando la receta clásica:
- Aceites o grasas.
- Agua.
- Hidróxido de sodio.
El aloe vera se incorpora únicamente como un ingrediente más de la fórmula, por ejemplo:
- una pequeña cantidad de gel fresco;
- aloe liofilizado o en polvo previamente reconstituido;
- extracto de aloe;
- zumo de aloe sustituyendo solo una parte del agua.
En estas formulaciones el aloe representa un porcentaje relativamente pequeño del líquido total.
Es una forma sencilla de incorporarlo sin modificar demasiado el proceso de elaboración.
III. Jabón elaborado con 100 % de jugo o gel de aloe vera
Esta es probablemente la elaboración más exigente.
Aquí se sustituye completamente el agua de la receta por jugo o gel de aloe vera, que será el único líquido empleado para preparar la lejía.
Al entrar en contacto con el hidróxido de sodio, el aloe experimenta una reacción muy intensa. Por ello suele congelarse previamente para controlar el aumento de temperatura y minimizar, en la medida de lo posible, la degradación térmica de algunos de sus componentes.
Aunque esta técnica requiere algo más de experiencia, no convierte necesariamente el jabón en "mejor" que los anteriores. Simplemente supone una forma distinta de formularlo.
¿Cuál es el mejor?
¿Por qué utilizar aloe vera?
El Aloe vera (Aloe vera (L.) Burm.f.) es una de las plantas más conocidas y utilizadas en cosmética natural. Su gel contiene polisacáridos, aminoácidos, minerales, vitaminas, enzimas y otros compuestos que han sido ampliamente estudiados por su interés en el cuidado de la piel.
Sin embargo, cuando elaboramos un jabón mediante saponificación debemos tener presente que trabajamos en un medio muy alcalino. El hidróxido de sodio produce una reacción química intensa y un importante aumento de temperatura, por lo que muchos de los compuestos presentes en el aloe fresco se modifican o degradan durante el proceso.
Esto no significa que no merezca la pena utilizarlo, sino que conviene ser realistas. Un jabón elaborado con aloe vera no conservará todas las propiedades del gel fresco, pero sí constituye una forma interesante de incorporar esta planta a una formulación artesanal.
Preparar correctamente el aloe
No todo el contenido de una hoja de aloe debe utilizarse.
Antes de obtener el gel conviene dejar escurrir la hoja para eliminar la aloína, un líquido amarillento situado bajo la corteza que puede resultar irritante para la piel.
Una vez retirada la piel, se extrae el gel transparente, se tritura y, si es necesario, se filtra para eliminar fibras.
El siguiente paso será congelarlo en forma de cubitos.
¿Por qué congelar el aloe?
Cuando el hidróxido de sodio entra en contacto con el líquido se produce una reacción exotérmica, es decir, desprende una gran cantidad de calor.
Si utilizáramos el aloe a temperatura ambiente, la mezcla podría calentarse muy rápidamente, oscurecerse e incluso desprender un olor poco agradable debido a la degradación de algunos de sus componentes.
Congelar previamente el gel ayuda a controlar ese aumento de temperatura y permite trabajar de una forma mucho más cómoda y segura.
Aun así, conviene recordar que el calor no es el único responsable de las modificaciones que experimenta el aloe. El elevado pH de la lejía también altera parte de sus componentes.
La seguridad es lo primero
El hecho de utilizar ingredientes naturales no significa que el proceso sea inocuo.
El hidróxido de sodio es un producto corrosivo y debe manipularse siempre con respeto.
Por ello es imprescindible trabajar:
- Con guantes resistentes.
- Utilizando gafas de protección.
- En un lugar bien ventilado.
- Añadiendo siempre el hidróxido de sodio sobre el aloe, nunca al revés.
También es importante utilizar recipientes adecuados, preferiblemente de acero inoxidable, polipropileno o vidrio resistente al calor.
El aluminio debe evitarse siempre, ya que reacciona con el hidróxido de sodio.
Elegir los aceites
Sustituir el agua por aloe vera no cambia la forma de formular un jabón.
Las características finales seguirán dependiendo principalmente de los aceites y mantecas elegidos.
Por ejemplo, un jabón rico en aceite de oliva será muy suave y duradero, aunque producirá una espuma más discreta. Si se desea una espuma más abundante o una mayor dureza será necesario incorporar otros aceites, como el de coco o el de ricino, recalculando siempre la cantidad de hidróxido de sodio mediante una calculadora de saponificación.
Nunca debe sustituirse un aceite por otro "a ojo". Cada grasa posee un índice de saponificación diferente y requiere una cantidad concreta de sosa para reaccionar correctamente.
El proceso de elaboración
Una vez preparada la lejía con aloe y pesados los aceites, el procedimiento es exactamente el mismo que en cualquier jabón elaborado por saponificación en frío.
Se mezclan ambas fases hasta alcanzar la traza, se vierte la masa en el molde y se deja reposar hasta que el jabón pueda desmoldarse y cortarse.
A partir de ese momento comienza una fase que requiere tanta paciencia como el propio proceso de elaboración: el curado.
El curado
Existe la creencia de que un jabón necesita varias semanas para "dejar de ser cáustico". En realidad, si la fórmula está correctamente calculada y elaborada, la mayor parte de la reacción de saponificación se completa durante los primeros días.
Entonces, ¿para qué sirve el curado?
Durante ese tiempo el jabón pierde parte del agua que contiene, aumenta su dureza, mejora la estabilidad de la espuma y resulta más duradero y agradable de utilizar.
Aunque muchos jabones pueden emplearse tras cuatro o seis semanas de curado, aquellos con un elevado contenido en aceite de oliva suelen mejorar notablemente cuando se dejan reposar durante varios meses.
Una última reflexión
El aloe vera aporta un valor añadido a este tipo de elaboraciones, pero no convierte al jabón en un producto milagroso.
Las características finales de un jabón dependen, sobre todo, de una buena formulación, de unos cálculos correctos y de un proceso de elaboración cuidadoso.
La creatividad tiene un lugar muy importante en la jabonería artesanal, pero la química siempre debe respetarse.
Y quizá esa sea una de las cosas que más me gusta de hacer jabón: que nunca se deja de aprender. Cada receta, cada ingrediente y cada pequeño cambio nos enseñan algo nuevo.
Bibliografía
- Kevin Dunn. Scientific Soapmaking.
- Robert S. McDaniel. Essentially Soap.
- European Medicines Agency (EMA). Aloe vera.
- World Health Organization (WHO). Monographs on Selected Medicinal Plants.
- Barel, Paye & Maibach. Handbook of Cosmetic Science and Technology.
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