Jabón de lavanda: un mismo jabón, cinco acabados diferentes






Entre lo ocupada que he estado últimamente y que Blogger, por alguna razón, no me ha dejado publicar cuando quería, puede que alguien haya pensado que había abandonado el blog.

La verdad es que casi ha sido así... pero solo casi.

Hoy vuelvo con una nueva publicación y, cómo no, con un nuevo jabón.

En esta ocasión le ha tocado el turno a la lavanda.

Si soy sincera, no es uno de los jabones que más preparo. En casa solemos inclinarnos más por la caléndula, la rosa, los cítricos, las especias, la miel, el aloe vera, las arcillas... y podría seguir un buen rato porque la lista es bastante larga.

Pero me quedaban un par de pastillas de lavanda y ya era hora de preparar una nueva remesa.

Para esta fórmula he utilizado:

  • Aceite de oliva.
  • Aceite de coco.
  • Aceite de almendras dulces.
  • Aceite de soja.
  • Manteca de karité.
  • Oleato de geranio y lavanda en aceite de oliva.
  • Aceite esencial de lavanda (Lavandula angustifolia).

Además, la fórmula lleva un 3 % de sobreengrasado, es decir, un pequeño porcentaje de aceites que permanece sin saponificar y que contribuye a hacer el jabón más suave para la piel.

Aprendiendo de los pequeños errores

El primer jabón que elaboré fue el que aparece a la izquierda de la fotografía.

Presentaba una leve capa blanquecina en la superficie. Se trataba de la conocida ceniza de sosa (soda ash), un fenómeno completamente superficial que puede aparecer durante el proceso de elaboración y que no afecta ni a la seguridad ni a la calidad del jabón.

En este caso probablemente se produjo porque lo desmoldé y corté antes de tiempo, favoreciendo el contacto de la superficie con el dióxido de carbono del aire.

En lugar de desecharlos, decidí aprovechar algunos para elaborar las pastillas "confetti", los demás los "limpié" con vapor.

Además de evitar desperdiciar un buen jabón, conseguí algo que me gusta especialmente: obtener diferentes diseños a partir de una misma fórmula.

Un mismo jabón... cinco aspectos distintos

Los cinco jabones que aparecen en las fotografías son exactamente la misma formulación.

Lo único que cambia es la técnica empleada para verter la masa, la distribución de los colores y el acabado final.

Es una buena muestra de cómo, respetando siempre la formulación y los cálculos de la saponificación, la creatividad puede dar lugar a resultados completamente diferentes.

Y esa es, precisamente, una de las cosas que más me gustan de la jabonería artesanal: que una misma receta puede contar una historia distinta cada vez que la haces.





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